martes, 29 de mayo de 2012

Tonta, mala ... ¿Qué hago?

 
¿Cómo tenemos que actuar los padres cuando nuestro hijo nos llama tonta?

¿Debemos permitir sus arrebatos de ira y agresividad verbal?
 
¿Les castigamos o es mejor no hacer nada?
 
 
Un día cualquiera, un momento cualquiera, te enfrentas a una situación como la siguiente:
 
Tu hijo quiere algo que tu no estás dispuesta a hacer o a darle, él se enfada y te llama "tonta". Cierto, está expresando su frustración con palabras poco apropiadas porqué quizás no disponga de otras y no sepa como expresarse de otro modo. ¿Qué hacemos?.

Llega a casa después de una intensa jornada en el cole y empieza a decir groserías de todo tipo: "tonta, mala, caca, te voy a matar ...".Es probable que las haya aprendido de algún compañero de clase y que le parezca divertido decirlas él también para ver qué es lo que pasa. ¿Cómo actuamos?.

Los niños aprenden por observación e imitación, sobretodo a edades tempranas. En muchos casos, en este tipo de situaciones, están experimentando, prueban a ver qué pasa si ellos también las utilizan.
Y ... ¿cómo hemos de actuar los adultos?.
Enseñando que en ningún caso se toleran las faltas de respeto, ni las groserías.

¿Cómo lo podemos hacer?
En la gran mayoría de casos no son necesarias grandes técnicas de modificación de conducta, bastará con predicar con el ejemplo, no prestar atención a algunas groserías y controlar los programas de televisión. Pero en otros tendremos que establecer límites y consecuencias.

Veamos como manejar estas situaciones.

No nos inmutemos, ignoremos.
Cuando nuestro hijo de 2 años diga algo grosero, como "tonto" o "caca", por muy gracioso que nos parezca debemos resistir la tentación de reírnos, ya que esto le servirá de refuerzo para seguir haciéndolo. A los niños les produce una enorme satisfacción tener este poder, es decir, ser capaces de provocar risas entre los adultos. Así que si nos reímos una sola vez de un "caca" dicho por nuestro hijo o nieto, éste lo seguirá repitiendo una y otra vez en cualquier situación y lugar con el objetivo de provocar alguna sonrisa.

Enseñémosles a respetar.
Las groserías no son aceptables en las guarderías, el cole, el parque, en casa de un amigo ni en la mesa con la abuela. No son graciosas, no nos gustan.

No pensemos que todavía es pequeño, que no sabe lo que está diciendo, ... Nunca es demasiado pronto para enseñarles que las groserías no son aceptables en ningún lugar ni en ningún caso. Debemos enseñarles que estas palabras están mal. Se lo explicaremos con calma y naturalidad, sin mostrar mucho interés en la palabra grosera para no darle importancia y evitando que se de cuenta que utilizándola consigue llamarnos la atención.

Debemos explicarles que estas palabras hacen que la gente se sienta incómoda y nos hacen daño. Y aunque los niños de 3 a 5 años están centrados en ellos mismos por su pensamiento egocéntrico y su empatía esté por desarrollarse, deben saber que sus acciones tienen consecuencias sobre ellos mismos y sobre los demás

Así mismo debemos explicarles también que aunque otros niños digan palabrotas o groserías, a nosotros no nos importa porqué siguen estando igual de mal.

Y si problema es que le falta vocabulario para expresar su enojo o su frustración, debemos enseñarles a decir en voz alta “estoy enfadado” o “estoy enojado” cuando corresponda.

Predicar con el ejemplo. Cuidemos nuestro lenguaje.
Debemos evitar utilizar un vocabulario grosero o soez delante de nuestros hijos y tener cuidado con lo que decimos. Si nuestros hijos nos escuchan decir groserías cada día, será mucho más difícil convencerles de que no hablen así.
Ellos nos imitan ya que somos sus referentes así que en caso que imite algo que hemos dicho, debemos admitir que no deberíamos haberlo dicho tampoco. Cuidado con lo que dicen los hermanos mayores, debemos enseñarles a hablar bien, porqué a los pequeños les gusta imitar a sus hermanos mayores.

Controlemos lo que ven en la televisión.Los niños pequeños son como esponjas, absorviendo mucha información de programas de televisión, por lo que debemos asegurarnos que los contenidos son apropiados para su edad y por poco que nos sea posible miremos la televisión con nuestros hijos, no les dejemos demasiado solos viendo la tele.

Establezcamos consecuencias.
Cuando nuestros hijos, a pesar de haberles explicado que no está bien decir groserías, no dejan de ser groseros, incluso después de haberles advertido una o dos veces de que lo que ducen es incorrecto,debemos introducir medidas disciplinarias.

Permanecer tranquilos, responder rápidamente y ser consistente son las claves para reducir este tipo de comportamiento. Algunas consecuencias que podemos aplicar:

Quitar privilegios como la tele o un juguete.
Time-out: sacarle del lugar dónde está siendo grosero y dejar que se calme.
Desgastar la palabra. Podemos hacer que la palabra deje de ser divertida pidiendo al niño que la repita durante tantos minutos como años tiene el niño. Es normal que se nieguen, pero le explicaremos que hasta no lo haga no podremos hacer nada más. Aplicando esta técnica suelen abandonar el uso de la palabra en pocos días, eso sí requiere de nosotros mucha consistencia.

Si aún y así nuestros hijos continúan resistiéndose a nuestras reglas quizás debemos preguntarnos qué es lo que ocurre y revisar todos los puntos anteriores y si hemos fallado en la aplicación de alguno de ellos. 
 
Fuente: http://mimamapsicologainfantil.blogspot.com.es/2012/05/tonta-mala-que-hago_02.html?m=1

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