lunes, 18 de junio de 2012

Mi bebé llora ante los extraños. El bebé que extraña.


¿A quién lo he habrá sucedido alguna vez?. Se nos acerca una vecina, conocido o familiar para decirle cualquier monería a nuestro bebé, cogerlo en brazos o hacerle una caricia ... y el pequeño empieza a hacer pucheritos o a llorar desconsoladamente ante la mirada desconcertada del "desconocido" o "extraño". 

Entre el sexto y octavo mes nuestro bebé simpático, el que sonreía a todo el mundo, ahora reacciona de un modo distinto, ha crecido y al crecer muestra cierto recelo, rechazo o miedo. Empieza una fase caracterizada por el "miedo a los extraños" que puede durar hasta casi los 2 años.

¿Por qué? La verdad es que al principio, cuando nacen y durante los primeros meses, los niños no saben diferenciar entre su "yo" y el de la madre, se creen parte de ella, y será paulatinamente como irá adquiriendo este concepto.

A partir de los seis u ocho meses se produce un hito importante en su desarrollo, y empezará a distinguir entre sus seres queridos y los extraños, mostrándose ante éstos con recelo, miedo, o rechazo. Cada bebé tendrá su modo de expresar su disgusto: algunos solo giran la cara, otros lloran, otros gritan o se esconden ... pero todos demuestran este miedo o rechazo a los desconocidos.

Este cambio evolutivo es un logro muy importante ya que significa que ha empezado a reconocer a su madre como persona, como alguien diferenciado. A partir de este momento, muestra sus preferencias, con quien desea estar, ve claramente que ese desconocido no es mamá ni papá u otra persona familiar y por este motivo reacciona con disgusto cuando se le acercan desconocidos e intentan hacerle alguna gracia.

Ante estas reacciones de enfado no nos debemos alarmar ni preocupar, todo lo contrario, hemos de saber que son reacciones completamente normales y sanas que forman parte del proceso evolutivo de nuestro bebé. Es completamente normal que durante algún tiempo el niño prefiera, ante cualquier otra persona a mamá, papá o algún familiar cercano, sin que esto suponga un retroceso en la sociabilidad del niño. 

¿Qué podemos hacer?
En primer lugar, no obligar a nuestro pequeño a estar en brazos de alguien si él no lo desea, si está llorando lo mejor que podemos hacer es tomarlo en nuestros brazos y consolarle, dándole la seguridad que necesita. Cuando haya recuperado el equilibrio, podemos quedarnos junto a la persona que quería cogerlo y, poco a poco cuando ya se sienta seguro y lo vaya aceptando, intentar dárselo con mucha tranquilidad. Si aún así lo rechaza, no lo obligaremos.

Hemos de advertir también a los familiares que se acerquen sin hacer gestos bruscos, aspavientos o cualquier tipo de manifestación afectuosa con demasiado énfasis. Los niños de esta edad tienen miedo a los extraños, como estamos viendo, a la separación de sus padres y a los ruidos fuertes, y muchas veces y con toda la buena intención del mundo, hay personas que les gritan cuando les quieren hacer una monería ... provocando el llanto del pequeño.

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