martes, 24 de julio de 2012

¿Qué hacer con los niños durante las vacaciones?

Por fin llegó el verano: días más largos y terrazas, época de descanso y, posiblemente, también de ciertas dudas y angustias. Los niños y adolescentes disfrutan de tres meses no lectivos, pero en muchas ocasiones esto supone ciertos quebraderos de cabeza para los padres.

¿Qué pasa si ambos trabajan? ¿Con quién se queda el niño? Y si ha suspendido y tiene que recuperar asignaturas en septiembre, ¿cuándo debe empezar a estudiar? En definitiva, ¿qué pueden hacer los papás y mamás con los niños en verano?

Abuelos o campamentos de verano. ¿Dónde mandamos a los niños?
Sin duda las circunstancias de cada familia hacen que haya unas posibilidades u otras. Los campamentos de verano parecen la mejor opción: se combinan diferentes actividades (deportes, manualidades,…) en las que puedan estar en relación con otros niños, dentro de un horario que resulta compatible con las actividades laborales de los padres. Los campamentos ayudan también a que los niños y niñas se hagan más independientes, al tener que separarse de los padres y tener que resolver cosas sin su ayuda. También están los cursos de idiomas, a nivel nacional o con viaje al extranjero incluido. Sin embargo, éstas son las opciones más caras, y quizás por esto muchos padres recurren a los abuelos en verano más que nunca.

¿Tienen los niños que estudiar en verano?
Si el curso ha ido bien, y no hay asignaturas suspensas, el descanso y las vacaciones están más que merecidas. Aún así, en la mayoría de los colegios “recomiendan” determinadas tareas para el verano, muchas veces en forma de cuadernillos que puedan servir como repaso. El verano también es un buen momento para fomentar el gusto por la lectura, más allá de los libros pautados durante el curso. Quizás sea un buen momento para visitar la biblioteca, que puedan elegir sus propias lecturas y que éstas puedan ser vividas como “ocio” y no como “tarea”.

¿Qué hacer si hay asignaturas suspensas?
Quizás éste sea uno de los puntos más controvertidos. Es muy posible que, si en las notas finales los hijos o hijas traen suspensos, los padres puedan sentirse enfadados, decepcionados o frustrados. Quizás ni siquiera imaginaban que las notas fueran a ser “tan malas”. Es posible que si los padres creen que no ha habido esfuerzo suficiente, consideren que es necesario un castigo o que hay que empezar a estudiar desde el primer día de vacaciones para poder recuperar las asignaturas en septiembre. A priori podría parecernos que esta dinámica va a funcionar bien, pero no podemos perder de vista que los niños también necesitan un descanso de lo escolar. Dejar unos días de desconexión y descanso al acabar el curso es importante. Por “poco” que hayan hecho, necesitan también un descanso de madrugar, de ir al cole, hacer deberes…
Hay que tener en cuenta que, por poco esfuerzo que haya hecho el niño o niña, lo lógico es que ellos mismos se sientan tristes o decepcionados por sus notas: los niños saben desde muy pequeños que las notas son importantes e inevitablemente parte de su autoestima puede estar basada en los resultados escolares. Los padres tendrán que pensar con ellos cuáles son las causas de las malas notas, qué es lo que ha pasado para que no hayan rendido bien. Y, sobre todo, cómo pueden hacer para mejorar. En la medida en la que puedan transmitir la importancia del estudio como un proceso de aprendizaje y adquisición de conocimientos más allá del hecho de que hay que examinarse, quizás puedan ayudar a los niños a encontrar la motivación necesaria.
Es importante poder organizar un horario con ellos, desde el consenso y el acuerdo; por ejemplo, estudiar por las mañanas y poder disfrutar de las tardes con los amigos, o estudiar un rato por la mañana y otro por la tarde, dejando los fines de semana libres... En esta organización habrá que tener en cuenta si la familia se marcha de vacaciones: esos pueden ser unos días en los que todos los miembros se merecen un descanso total y quizás haya que contar con dejar los libros en casa.

Rutinas, ¿sí o no?
Más allá de la organización del estudio durante el verano, hay otro tipo de rutinas que de alguna forma se ven afectadas por la llegada de la época estival: hora de irse a la cama, de levantarse por la mañana… Muchos padres piensan que si los niños rompen esa rutina de horarios les supondrá mucho esfuerzo poder recuperarla de cara a la vuelta al cole en septiembre. Pero quizás el romper con la rutina pueda venir bien (no sólo a los niños; a los padres también), ya que al fin y al cabo se trata de poder adaptarse a circunstancias diferentes y dejar un poco de lado la presión que suele haber durante los meses del curso.
El verano puede ser un buen momento para que los niños pasen más tiempo, no sólo con sus amigos, sino también con sus familias. Muchos son los padres que se quejan de tener que pasar las tardes durante el curso ayudando a los hijos con los deberes, tardes que se alargan –en ocasiones– hasta las nueve o diez de la noche... El verano parece un buen momento para poder disfrutar de actividades para las que durante el curso apenas queda tiempo (juegos, deportes, actividades culturales…).
Sin duda, el que los padres puedan estar en contacto con cómo vivían ellos el verano, qué es lo que les gustaba, qué les suponía tener que estudiar o no, puede ayudarles a estar más conectados con las necesidades de sus hijos y desde ahí tener unas relaciones familiares más en sintonía. 
Fuente: http://www.thefamilywatch.org/nos/nos-3015-es.php

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